1. Leemos en Isaías 56:5 "Yo les daré
lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e
hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá" 2. La mayor gloria del hombre en el reino de Dios no es ser
discípulo ni hijo sino Rey.
3. En el año 30 d.C. comenzó la era del discípulo. Esa era duró 3
½, porque a los 30 años Jesús comenzó su ministerio público y llamó a
doce para fueran sus discípulos. Esa fue la era de las parábolas, de los
milagros, y de las comisiones y de las sanidades. Fue la era del
aprendizaje.
3. Pero del año 33 ½ cuando Jesús murió, resucitó y ascendió les
envió en pentecostés al Espíritu de verdad y arrancó la era del hijo que
duró 36 ½ años, desde el año 33 ½ al año 70 d.C. cuando todo fue
cumplido. Esa fue la era de la esperanza.
4. Y desde el año 70 d.C. nos encontramos en la era del rey. Esta
es la era de disfrute. Entonces, venimos del aprendizaje a la esperanza y
de la esperanza al disfrute. En la era del discípulo todo es preguntas.
En la era del hijo todo es expectativa. En la era del rey todo es
plenitud.
5. Entonces, estaba profetizado que Dios nos daría un nombre mejor
que el de hijos e hijas, y Apocalipsis 1:6 dice que Cristo nos hizo
reyes y sacerdotes para Dios su Padre.
6. Ya estamos en un nombre perpetuo que nunca perecerá y es en el
nombre de Reyes. Para llegar al nombre de Reyes, a Dios le fue necesario
hacer transiciones. En transición las primeras cosas se pasan por vía
del cumplimiento para darle entrada a un nuevo orden, posición y gloria
espiritual.
7. En el antiguo testamento, el pueblo de Israel vivió
transiciones. Por ejemplo: Ellos pasaron de esclavos en Egipto a
peregrinos en el desierto y de peregrinos a herederos en Canaán. Siempre
que hubo una transición, Dios los trajo a una nueva gloria que es la
manifestación de un nuevo conocimiento o entendimiento.
8. En el nuevo testamento, vemos transiciones: Por ejemplo: Leemos
en Hebreos 8:13 al que decir nuevo pacto se dio por viejo al primero, y
en Apocalipsis 21:1 al ver un nuevo cielo se dio por pasado al primero.
9. En transición siempre hubo cambio de glorias. Cuando una verdad
entra a tu entendimiento es para hacer cambios: De muerte a vida; de
odre viejo a odre nuevo; de lo antiguo a lo nuevo; de hijo a rey.
10. El propósito de Dios es pasarte el entendimiento a una nueva
gloria. El gran problema del cristiano es que no se deja renovar el
entendimiento. Se queda pegado, embotado, atrasado en sus viejos
rudimentos y de ahí no quiere avanzar, por eso, uno debe avanzar de lo
retrospectivo a los prospectivo de Dios.
11. ¡Déjate cambiar el entendimiento! ¡Deja que entre en nuevas
glorias!. Deja a Egipto y entra en Canaán. Deja la muerte y entra a
vida. Deja ley y entra a gracia. Deja gracia y entra a la gloria del
amor incondicional. Sólo déjate renovar.
12. Dios como Ser nunca cambia, pero sus manifestaciones para con
el hombre sí, porque el plan es traerlo de gloria en gloria, ¿Qué es una
gloria? Es un nuevo conocimiento de Dios. Es vernos ubicados dentro del
nuevo orden de Dios.
13. El nuevo orden de Dios es verte Rey no Hijo. La era del hijo ya
pasó. Estamos no pidiendo ni esperando. Estamos es reinando o
disfrutando.
14. El lenguaje que se hablaba en la era del hijo (antes del año 70
d.C.) era este: "Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como
niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de
niño" (1 Corintios 13:11)
15. La era de hijo era la del niño en Cristo. Se hablaba como niño,
porque se estaba impulsando el proceso de madurez (que es llegar a
quitar del entendimiento las cosas de niño, como divisiones, rudimentos,
rituales, ceremonias, lenguas, profecías, expectativas, liberaciones,
diablo, demonios, altares, unciones, ministraciones etc).
16. En la postura de hijo no se aprecia la identidad de rey y no se
conoce todo. Al llegar a rey uno deja de ser hijo para llegar a la
unidad. Hijo y Padre en la era del hijo cada uno es aparte, pero al
llegar a rey se es uno con Dios.
17. En la era del hijo: El hijo pedía al Padre y la dinámica de la
oración era de abajo hacia arriba. En la era del rey, la oración es una
dinámica interna entre Dios y tú. Ya no es de petición sino de confianza
plena o de disfrute.
18. Las oraciones del pedir son las oraciones de la era de los
niños en Cristo, la era de los hijos e hijas de Dios. Por eso, Dios los
deja que vivir el proceso de perfeccionamiento, para que a lo último
dejen la etapa de niño o de hijo.
19. Por ejemplo: ¿Qué pasó en la parábola del hijo prodigo? Allí
vemos a un hijo pidiéndole a su Padre la herencia. Pero él no estaba en
la edad de recibirla, y se fue con ella a un país lejano, ¿Qué hizo en
ese país? No supo valorarla.
20. ¿Por qué el Padre entonces se la dio? Se la dio para que
viviera el proceso de perfeccionamiento o madurez de entendimiento.
Cuando el hijo prodigo terminó el proceso, él mismo dijo: ¡Me levantaré e
iré a la casa de mi Padre! ¿Qué entendió al terminar el proceso? Que
nunca debió salir de la casa de su padre, donde era rey, señor de todo.
21. Cuando uno tiene una herencia es para entrar a la misma medida
del que da la herencia. Es para vivir esa igualdad o unidad. La gloria
del hijo de Dios es terminar el proceso de perfeccionamiento para ser
llevado a la gloria del rey, a la gloria de la herencia, a la gloria de
la unidad del heredero con el dador de la herencia.
22. ¿Qué es lo lamentable hoy en día en el cristianismo? Que los
líderes de concilios, religiones e iglesias mantienen al pueblo en la
era de niños y de hijos. Los tienen en los primeros rudimentos de la
doctrina de Cristo (Hebreos 5:12). Ahí, en leche, inexpertos, siempre
haciendo que el pueblo dependa de sus ministerios y señoríos humanos.
23. Y aquellos pastores que logran conocer gracia, por no ver
crecimiento numérico y económico como lo tienen los de ley, ¿Qué hacen?
En lugar de llevar al pueblo a la gloria del rey, lo tiran de nuevo al
yugo del ayuno, las vigilias, las ministraciones rituales con agua,
incienso y aceite a ver si dándoles rudimentos, la gente llega a sus
cultos de gracia, y por eso, en esas iglesias, la identidad de rey sigue
escondida. ¡Pobres ministros de la numerolatría! .
24. La nueva gloria del hijo es la identidad de rey, y la herencia
más grande de la herencia de Dios es ser unidad, es ser uno con dador.
Dios, en el año 70 d.C. después de que el hijo se sujetó padre para que
Dios fuera todo en todos (1 Corintios 15:28), dejó de ser padre para ser
uno contigo.
25. En la <dimensión de unidad> se acaba en mí la
numerolatría, el sensacionalismo, el ritualismo. Se va de mi la era de
niño en Cristo y la era de hijo de Dios, para darle comienzo al reinado
de unidad, donde todos somos reyes, somos uno en el mismo Dios, por eso,
es que Pablo en el primer siglo no pudo hablarle al pueblo como a
espirituales sino como a niños en Cristo (1 Corintios 3:1).
26. La era del hijo ya dejó de ser. La era de conocer en parte se
acabó. En el primer siglo, se conocía en parte y mientras se conocía en
parte, lo perfecto (lo de rey) no se apreciaba. La era del discípulo
como la era del hijo se terminaron en el año 70 d.C. cuando todo fue
cumplido, pero Pablo enseñó que vendría algo que nunca dejaría de ser y
era el amor incondicional (1 Corintios 13:8).
27. Algo que nunca deja de ser es eterno. Nunca dejarás de ser rey.
Nunca dejarás de ser uno con Dios. Después de la era de hijo vendría el
nombre eterno. La era del hijo ya dejó de ser y le dio entrada a la era
del rey en plenitud espiritual. REY es el nombre que nunca en ti dejara
de ser.
28. Bajo la era del hijo, un titulo estaba escondido para revelarse
y era el de Rey. En la era del Rey no somos subalternos sino iguales en
identidad, nombre y señorío espiritual. En la postura de hijo no
conoces todo. En la postura de Rey todo lo conoces por medio del amor.
29. El reino es vino nuevo, y debemos preparar nuevos odres y
traerlos por conocimiento a la gloria de rey. Hay entendimientos que
rechazan este mensaje. Entendimientos que les va a tardar mucho tiempo
salir de la era de discípulo y de hijo, que es la era de los niños en
Cristo. Pero dejémoslo vivir el proceso de perfeccionamiento.
30. Pero nosotros, preparemos nuevos odres. Recuerda, que cuando
una verdad entra a tu entendimiento es para renovarlo, cambiarlo, y
quitarle velos de ignorancia. El que está en la gloria de rey ha
trascendido, porque es la gloria de la plenitud espiritual, del
disfrute, y de amor incondicional.






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